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CAMINO A: HONDA, TOLIMA

CAMINO A: HONDA, TOLIMA

Se acerca el puente del 15 de Junio y no tengo moto; sigue la venta de la KLX Épica y la KTM 1190 Adventure está en revisión de 16.000 kms, o sea que estoy motoless. Por suerte recibo una llamada de Potenza Cali, concesionario de Kawasaki, preguntado si ya había manejado la moto más épica de todos los tiempos: La famosa KLR650. Nunca lo había hecho y había intentado hacerlo por mucho tiempo pero no pude por falta de motos demo. La explicación que la moto era para un público muy específico.  Inmediatamente accedí a probarla. Tras coordinar los detalles tenía en mi garaje una moto con 1.5 millas en el odómetro completamente accesorizada por nuestro patrocinador Mastech.

El destino, La Posada Las Trampas en Honda. Un hotel que nos llamó la atención desde que asistimos al  #GSTrophy de Autogermana y vimos el aviso de paso por en la ruta del sol. Revisamos el sitio web, hicimos reservas a través de booking.com y estamos listos.

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Por fin a probar la KLR650! Que sorpresas me dio moto.

El sábado a la hora de salida prendí la moto y comenzó la aventura. De esta moto lo se “todo” y no sé “nada”. Por reputación sé que es una de las motos más utilizadas para dar la vuelta al mundo por lo fiable y fácil de reparar, sé que es muy popular para turismo Off Road y que es monocilíndrica, también sé que es uno de los modelos más vendidos de Kawasaki y que lo que le modifican año tras año es muy poco.

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La ruta del paseo nos daría 289 km. para probar la KLR650.

No se nada porque a través de los años en el tema del turismo la referencia local han sido por las bicilindricas más reconocidas como la Vstrom, la Versys, la KTM Adventure, la Super Tenere, la Multistrada, y obviamente la R1200GS. Siempre pensé que para pasear cómodamente necesitaba una moto grandísima, con una super silla y llena de toda suerte de artilugios electrónicos. Me di cuenta de mi error al probar la humilde KLR, que de “Humilde” no tiene nada, y en el desarrollo de esta historia sabrán por qué. El feeling con la moto fue inmediato al subir por palmas vía al Aeropuerto para empatar con la Medellín – Bogotá. A bordo de la Kawa me sentía como con mis tennis viejos, un acople de inmediato, al punto de sentir que era mi moto para el día a día. No es una moto rápida, es una moto para disfrutar el viaje, con la potencia suficiente para rebasar otros vehículos a un apretón de la muñeca y sacar a relucir todo su poderío. Normalmente cuando viajo en moto estoy pendiente de llegar rápido mi destino, sin embargo esta vez fue la excepción. Relajado y sin afán. No se si fue por la moto o por el corto trayecto de 280 kms pero me sentía disfrutando de la vía como nunca. Llegaron las curvas de descenso de El Santuario a Cocorná y pensé que el rin 21 delantero haría un poco más difícil tomar las curvas que con los rines de 19 pulgadas a los que estoy acostumbrado. Otra falsa creencia, seguía desmitificando la necesidad de las costosas turismeras.

¿Cuánto será la autonomía de esta moto?

La primera parada fue en el Palacio de los Frijoles a comerme un chorizo con arepa de choclo y medio mondongo, un desayuno light – ¿cierto? – para afrontar la segunda parte de la carretera. “¿Y el medidor de gasolina?” Pensé al montarme nuevamente en la moto. “¡No tiene! ¿Cuánto será la autonomía de esta moto?” La respuesta a esta pregunta solo la sabría continuando mi recorrido. Así que seguimos nuestro camino. En Rio Claro empezó a calentar el día, pero esta vez el calorcito solo era ambiental, a diferencia del calor que producen ciertas maxitrail, como la 1190.

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Mucha historia se esconde detrás de este pueblo colonial de Colombia.

Las rectas entre La Dorada y Doradal me permitió mantener la moto en una velocidad crucero de 130 – 140 kph muy tranquilamente entre las 4 y 5000 RPM. El visor es bajo pero hace su trabajo, no sentía turbulencia en el casco. Eso sí tuve la precaución de bajar la velocidad en una parte del trayecto donde siempre he visto a la Policía de carreteras. Ahí estaban parados con su implacable radar de velocidad multando a todos por encima de la absurda velocidad de 65 kph para esta vía recta, doble calzada, con excelente visibilidad, asfalto nuevo y muy bien señalizada. El trayecto continuó sin novedades hasta llegar a La Dorada donde después de pasar el puente hay una cámara fija de fotomultas – cuidado el límite es de 40 kph en carretera nacional, simplemente no tiene sentido – lastimosamente no la vimos en el viaje a Ibagué, y la cámara multa en ambas direcciones. Esta vez no me cogería la cámara. Faltaban unos 10 minutos para llegar a Honda cuando me detienen en un reten de la policía. “¡No me salve de la multa!” pensé “Ahora que habré hecho”. Muy formalmente los agentes me solicitaron bajar de la moto, me preguntaron de donde venía y para a donde iba. Era una parada de rutina y me dejaron continuar con mi camino. Antes de partir le pregunté al oficial de la policía. “¿Esa montaña que hay allí atrás como se llama?” Me había generado la inquietud ya que es una formación rocosa espectacular que se ve desde la carretera, y resultó tener historia “Ese es el Cerro El Golilludo, escenario de un comercial de una famosa marca de cigarrillos grabado a mediados de los 80s”. A pesar de pasar un buen tiempo en Google no pude encontrar dato alguno, así que esta información queda por confirmar.

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Llegamos a Honda, hora de conocer más de este pueblo colonial.

Honda esta ubicada al norte del departamento de Tolima y en el centro de Colombia. Limita con los departamentos de Cundinamarca y Caldas. Erigida en Villa el 4 de marzo de 1643, por orden del Rey de España. Elevada a categoría de ciudad el 15 de junio de 1830. Los españoles la bautizaron como Villa de San Bartolomé y luego le fueron dando apodos como «La ciudad de los puentes» por contar con más de 40 puentes sobre los ríos MagdalenaGualíGuarinó y la Quebrada Seca.

Un poco de historia:

El proceso conquistador en la Nueva Granada llevó a los exploradores a utilizar el Río Magdalena como ruta principal. En ese sentido, la desembocadura del Río Gualí sobre el Magdalena se constituyó desde tiempos muy remotos en punto de intercambio.

Este sector fue, hasta finales del siglo XX, el centro de una dinámica comercial llena de altibajos. Honda era embarcadero fundamental para el intercambio de mercancías que procedían o tenían como destino los departamentos de Tolima, Caldas, Quindío y Cundinamarca. Dicho auge estuvo marcado en la época colonial por el interés en la extracción de metales preciosos procedentes de las minas de Falan y Mariquita. Por otro lado, por Honda se sacaban los embarques de oro que eran recaudados en la distante Santa Fe y que viajaban rumbo a la Corona Española a través de Cartagena y La Habana.

Durante las primeras décadas del siglo XX el puerto de Honda se constituyó en un punto muy importante para el proceso de exportación de café.

La presencia de hierro en la arquitectura de la ciudad se combinó con la instalación de los rieles del ferrocarril de La Dorada a Honda y que atraviesa el sector del Retiro en esta última ciudad. La obra la inició el ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros en 1881, posteriormente él cedió la concesión a The Dorada Railway Company Limited, empresa que reinició labores en 1893, para concluir el proyecto en 1897. Este ferrocarril se realizó buscando sortear los rápidos y remolinos que se forman cuando el Gualí desemboca en el Magdalena. En este proceso surgieron los dos principales puertos del siglo XX: Caracolí al Norte y Arrancaplumas al Sur, interconectados por el ferrocarril y teniendo en el centro al antiguo embarcadero colonial, lugar que conocemos hoy como Malecón de Honda y que dista tan solo tres cuadras de la Posada de las Trampas.

El auge de la ciudad estuvo asociado a la manera como se articularon las líneas férreas con el sistema de vapores que transitaban el Magdalena. La época importante de la navegación fluvial va desde la segunda mitad del siglo XIX hasta 1940. Desafortunadamente, el desplazamiento de la fuerza productiva de complejos como Bavaria a finales del siglo XX hizo que el desarrollo del puerto se volviera a estancar, esto evocando el letargo que produjo la desaparición de la navegación fluvial comercial por el Magdalena hacia 1960. Hoy Honda es un lugar de paso, que tiene como gran atractivo el festival de la subienda. *

Tomado del Estudio Histórico realizado por Ricardo Rivadeneira en 2008 U. Nal.

Aunque llegar a Honda fue muy fácil, lo difícil fue ubicar el hotel, aunque nos estábamos guiando por Waze, este nos mandaba al otro extremo de la ciudad. Finalmente “Preguntando se llega a Roma” y llegamos a la Calle de las Trampas. La calle tiene una topografía sinuosa y en zigzag, con un piso totalmente construido en piedra evocando las construcciones Andaluzas. Allí nacen o mueren cuestas como la Zaldua, Owen, San Francisco, y callejones como San José y La Broma. Esta calle es un atractivo tanto para locales y turistas, y está ubicado dentro del “Centro Histórico”.  Nuestra primera impresión fue el espectacular letrero de entrada al garaje.

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Los colores de las casas, las calles empedradas y las flores que crecen sobre los balcones hacen de un pueblo muy pintoresco.

Realmente desde la parte exterior no te imaginas que hay adentro de la Posada de las Trampas. Paredes muy altas que terminan en techos en teja de barro y calles muy estrechas forman el paisaje que se alcanza a vislumbrar. Abren la puerta y un tremendo parqueadero a nuestra disposición, nos dirigimos por corredores a la recepción asombrados por la arquitectura hasta descender a la recepción, donde nos estaban esperando. Somos conducidos a nuestra habitación, la numero 14, para disfrutar de la mejor vista del hotel, incluyendo las suites. La vista es simplemente espectacular.

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Vestigios del ferrocarril que alguna vez paso por aquí.

Después de un buen baño con agua fría, hora de ponerse la pantaloneta y a relajarnos un rato. Me puse a conversar con Virginia, la chef de turno en el hotel quien muy amablemente me hizo un recorrido, incluyendo la cocina, y me habló de la historia del hotel. Estuvo súper pendiente de nosotros durante nuestra estadía, sin dejar a un lado a Leo, Guillermo y Nancy que fueron supremamente atentos con nosotros. Nos prepararon un delicioso ceviche mixto de camarones y palmitos de cangrejo, y sin más preámbulo a disfrutar de la piscina.

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La piscina del hotel es perfecta para bajar y calor y disfrutar de una que otra michelada.

Más tarde decidimos salir a deambular un poco por las calles aledañas para ver que había para conocer. Es un pueblo es muy tranquilo con muchas motos en todos lados, común en los pueblos colombianos. Subimos caminando hasta la Catedral de Nuestra Señora del Rosario, construida a mediados del Siglo XVII e inicios del Siglo XVIII. Se erigió como Parroquia en el Alto del Rosario en reemplazo de la Parroquia de San Bartolomé que había sido erigida por los Jesuitas en el Alto de San Juan de Dios. Desde el Siglo XVIII ha prestado sus servicios religiosos a los fieles de la Villa de Honda. Es una construcción imponente que invita a propios y visitantes a conocerla, posee contrafuertes, cúpula, tres naves, casa cural y torre central. Paramos en un parquecito y nos sentamos a tomarnos una cervecita y a hablar, acabando así el primer día.

El domingo me levanté tarde, porque la comodidad de la cama no daba para madrugar. Al salir de la habitación descubrimos que había mucha conmoción en el pueblo. Angela, la administradora del hotel, nos contó que había muchas calles cerradas porque este fin de semana se realizaba el VI Festival de Bandas Músico Marciales que agrupaba a más de 45 bandas de todo el país. Entramos a una de las suites para ver el desfile de las bandas. Excelente.

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Pudimos disfrutar del desfile de bandas que pasó justo por el frente del hotel.

Se fue llegando la hora del almuerzo y salimos a caminar por el lado de la plaza de mercado, construida sobre el terreno donde funcionó durante 2 siglos el Convento de San Bartolomé de los Franciscanos. El constructor de la plaza de mercado fue el ingeniero inglés Harry Valsint, posee 148 columnas y 108 puertas y por su hermosa arquitectura fue elevada a Bien de Interés Cultural Nacional en 1996. Un lugar muy pintoresco y colorido, aunque no encontramos nada típico de comer ahí. Finalmente tomamos un taxi, el conductor era un pintoresco personaje, alias “El Chulo”. “¡Chulo, llévenos al mejor restaurante de comida típica de aquí por favor” y me dice “Pues hermano eso es en mi casa, un buen arroz con pescado, patacón, papitas y ensalada!” nos responde el hombre mientras ríe. Finalmente nos lleva por una calle pequeña paralela al río y deja el carro atravesado literalmente en la mitad de la calle. “¡Venga yo los llevo donde el enano y los acompaño para que no los tumben!” o más bien iba por su comisión por llevar turistas que otra cosa, sin embargo nos dejó instalados, me dio su numero de teléfono y se marchó.

Ese día había partido de la Selección Colombia por lo que todo el mundo estaba amontonado al frente del televisor, claro, eso nos dejó el balcón al río Magdalena libre para nosotros.  La carta estaba adornada por múltiples pescados de río, la preparación que más resaltaba era en Viudo que tenía Arroz, Yuca, Patacón, Bagre, Tomate, Cebolla, y otros condimentos. Una delicia, se los recomendamos. Después del almuerzo nos recogió “El Chulo” y nos llevó a dar una vuelta en busca de un helado, terminando en la zona rosa de Honda. Notamos una particular licorera llamada “Cirrosis”, atestado de hinchas de la Selección Colombia prestos a celebrar y seguimos con nuestro camino.

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Un mensaje de Honda para el mundo.

De vuelta en el hotel a la piscina y escuchamos más historias del Hotel de cuenta de Ángela: “Esta casa entre los Hondanos se conoció coloquialmente como “Casa Diago”, ya que la familia Diago la escrituró a su nombre en 1956. En este sector como en toda Honda, las construcciones fueron realizadas utilizando cal y cantos rodados que procedían de los ríos Gualí y Magdalena. Comenzamos la restauración en el año 2007 y terminamos en el ano 2010. Pudimos inaugurar el Hotel en el año 2011, pero con tan mala suerte que en esa temporada invernal hubo grandes derrumbes en la Autopista Medellín – Bogotá y el hotel no pudo abrir a toda marcha hasta un año después.

De ahí nos fuimos a pasar un rato a “Cirrosis” y nos llamó la atención que por esa calle pasaban un millón de motocicletas con 2, 3 y hasta 4 personas ¡Todos sin casco! ¡Algunos en estado de ebriedad! era increíble, incluso llegaron 2 señores en una moto y tal era su estado de embriaguez que el pasajero se fue de cara al piso. Unas politas después y de nuevo a dormir. Ya mañana seria nuestro último día en Honda. Muy triste tener que irme, pero estaba ansioso por volver a montar la KLR650.

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La moto pasó por el tratamiento Bike Build de Mastech y lista para la aventura. Los paisajes de Honda fueron perfectos para la prueba.

De nuevo me cogieron las 10 de la madrugada en la cama a pesar de que me acosté temprano era difícil pararse de la deliciosa cama de la habitación 14. Desayunamos y me aliste para salir a dar una vuelta a un listado de sitios turísticos que había visto en internet:

  • Calle de las Trampas: (Donde estamos Hospedados)
  • Puente Navarro
  • Catedral de Nuestra Señora del Rosario
  • Plaza de Mercado
  • Museo del Río Magdalena
  • Casa Museo Alfonso López Pumarejo

Fue muy triste encontrar los dos últimos cerrados, el museo del Río esta a la espera de unos recursos y el Alfonso Pumarejo irónicamente no abre los lunes festivos que hay turistas, lastima. De resto los destinos turísticos de Honda muestran un pueblo lleno de historia, color y emoción. Quedamos muy felices con la visita. Era hora de volver al hotel a empacar, pero no finalizaban las sorpresas del hotel. La Posada Las Trampas nos tenía el original tamal tolimense de despedida. Delicioso. Nos despedimos con tristeza del personal del hotel, quienes fueron muy amables y atentos hasta el último minuto.

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¡El original tamal tolimense!

Salir de Honda ya no fue un problema ya que dominábamos la zona. Continuamos nuestra aventura a Medellín aunque la carretera estaba muy sola.  Hicimos una parada técnica en las afueras de Doradal para refrescarnos y retomar la vía. Nos encontramos con un carro me pasó como si lo persiguiera el diablo, era un BMW 135 convertible que iba “en bombas”. Yo iba a mi paso tranquilo, pero debo confesar que me empece entusiasmar con el acelerador y me dije “Vamos a ver que le podemos sacar a la KLR650 “. El juego era muy fácil, en rectas el BMW me borraba y yo, en curvas y con los camiones lo volvía a pasar. Aunque en un momento pensé que no iba a volverlo a alcanzar al verlo detrás de unos camiones, lo rebasé y continúe con mi paso. Realmente no era una competencia y cada cual iba dentro de las posibilidades de su vehículo, pero mi sorpresa fue mayor al llegar al alto antes de El santuario donde paramos a disfrutar de un atardecer espectacular y este se demoró muchísimo rato en pasar. Las ventajas de viajar en moto.

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Mis conclusiones de este fin de semana:

  • El mejor hotel de Honda Tolima es La Posada Las Trampaslos pueden seguir en instagram aquí.
  • No necesitas la maxitrail más costosa para disfrutar un paseo, en la KLR650 por 1/3 parte de lo que cuestan las más vendidas motos de turismo en Colombia fui y volví perfecta y cómodamente, disfrute el recorrido y la moto de la misma forma en que lo hubiera hecho en una de mayor cilindrada.
  • Mas no es siempre mejor, lo más importante no es llegar a la meta sino disfrutar del camino.

Estas son algunas de las cosas que he ido aprendiendo con la experiencia de los años, y que en este paseo confirmé. La KLR 650 no es la más bonita, no es la mas caminadora, pero definitivamente inspira a la aventura, me había encantado y ahora solo me faltaba probarla en Off Road.

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